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Miquel Navarro ha fallecido este domingo, 1 de noviembre, a los 81 años, tras una larga enfermedad. El artista ha muerto en su casa de Mislata, acompañado de sus seres queridos. Su desaparición deja un vacío en la cultura valenciana, pero también un legado que permanece en museos, plazas y calles.
Para muchos vecinos de Valencia, el primer encuentro con su obra ocurrió fuera de una sala de exposiciones. La Pantera Rosa y el Parotet, dos de sus esculturas más populares, se han convertido en parte de la identidad visual de la ciudad. Esa aportación fue reconocida en 2024 con su nombramiento como Hijo Adoptivo de Valencia.
Un universo entre la ciudad y el cuerpo humano
Nacido en Mislata el 29 de septiembre de 1945, Navarro encontró desde niño una forma de expresión en el dibujo y en el barro de las acequias. El paisaje de la huerta y su transformación urbana acabarían formando parte de su imaginario artístico.
Se formó en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia y comenzó su recorrido con la pintura y el dibujo. A partir de 1972, la escultura adquirió un papel central en su trabajo. De esa búsqueda surgieron sus características ciudades de pequeñas piezas geométricas, en las que torres y construcciones se distribuyen hasta formar paisajes urbanos.
Entre 1973 y 1974 realizó su primera "Ciutat", presentada en el Colegio de Arquitectos de Valencia en 1974. Estas composiciones se convertirían en una de las señas de identidad de su trayectoria: ciudades que el espectador puede recorrer con la mirada, donde la escala y la disposición de cada elemento construyen un lenguaje propio.
De Mislata a los grandes museos
El reconocimiento de Navarro trascendió las fronteras valencianas. Su obra está representada en instituciones como el Guggenheim de Nueva York y de Bilbao, el Centre Pompidou de París, el MACBA y el IVAM, entre otras colecciones internacionales.
En 1986 recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas, al que se sumaron distinciones como el Premio Alfons Roig, el reconocimiento al Mérito Cultural de la Generalitat y el Premio Internacional Julio González del IVAM.
Su curiosidad creativa también alcanzó el audiovisual. Rodó los cortometrajes "Fuerte como el opio", "Mineral" y "On està la meua gosseta?", mientras que algunas de sus obras aparecieron en películas de Pedro Almodóvar como "Carne trémula" y "Julieta".
Una casa para preservar su legado
Pese a su proyección internacional, Mislata siguió siendo el centro de su vida y de su trabajo. Allí impulsó la Fundació Miquel Navarro, constituida en 2020 para conservar, estudiar y divulgar su creación.
Uno de sus últimos grandes proyectos fue la Casa Taller, inaugurada oficialmente el pasado 25 de junio. El espacio convirtió su lugar de trabajo en un punto de encuentro con su obra y materializó su voluntad de mantener una parte esencial de su legado en la ciudad donde nació.
Valencia conserva ahora su mirada en esculturas que forman parte de la vida cotidiana. Sus ciudades imaginarias y sus figuras monumentales prolongan la presencia de un artista que hizo del espacio una forma de expresión.