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Crítica de cine: TIEMPO DE VICTORIA

EDUARDO CASANOVA
Un 'frame' de Tiempo de victoria.
Un 'frame' de Tiempo de victoria.

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El británico Anthony Maras (Hotel Bombay) firma este thriller bélico que recrea un episodio histórico muy interesante, plasmado en la obra teatral Pressure (2014) del dramaturgo David Haig. Sin apenas pisar el campo de batalla, nos acerca a los despachos donde los altos mandos militares debían tomar una decisión nada fácil, pero crucial. Destaca la importancia de ciertos aspectos colaterales que fueron claves en el éxito del desembarco de Normandía. Aunque conozcamos el desenlace, el relato logra mantener el suspense valiéndose de unos personajes trabajados en profundidad. El contrastado reparto responde y los dota del magnetismo preciso. Especialmente, lo disfrutarán los aficionados al género.

Faltan 72 horas para que comience la ambiciosa operación Overlord. El capitán James Stagg, adscrito a la Oficina Meteorológica de la RAF, apadrinado por Churchill, recibe un encargo trascendental: determinar con la mayor precisión posible el tiempo que hará en las costas francesas el Día D. Unas condiciones adversas podrían arruinarlo todo; sin embargo, demorar el ataque pondría en peligro el factor sorpresa, absolutamente esencial. No obstante, el general Dwight D. Eisenhower, comandante de las fuerzas aliadas, tendrá la última palabra.

La película se sostiene en una tensión psicológica permanente, con varios implicados que defienden ideas contrapuestas. Desde el principio, el guion consigue proyectar la presión que pesaba sobre Ike. Con esa intención, la introducción se retrotrae al fracasado ensayo de la invasión, realizado en abril y hoy prácticamente olvidado, que se cobró cientos de vidas.

En ese marco presenta al protagonista, un escocés felizmente casado, a punto de ser padre, metódico e inflexible ante sus superiores. Esboza su concienzudo trabajo y el esfuerzo por coordinar diversos puntos de información fiable. Las sensaciones que transmite y la incertidumbre latente permiten obviar la complejidad de las cuestiones puramente científicas. Alimenta la rivalidad con su colega estadounidense, el prestigioso Irving P. Krick, de lo cual se beneficia la trama.

Lógicamente, gana en intensidad y emociones durante los últimos minutos. Además, se han insertado oportunamente diversas imágenes de archivo que no desentonan y complementan el solvente diseño de producción.

Andrew Scott (Spectre, Negación, Desconocidos) conduce el filme con firmeza, lo que no impide que refleje las debilidades anímicas de esta figura, en el fondo, atribulada. En esa vertiente más íntima luce el talento y carisma de Brendan Fraser. Los arropan con oficio Kerry Condon (Almas en pena en Inisherin), Chris Messina (Argo) y Damian Lewis (Hermanos de sangre).

Sobre el autor

EDUARDO CASANOVA
Eduardo Casanova

Crítico de cine y miembro de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España

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