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Crítica de cine: EL PRECIO DE LA RED

EDUARDO CASANOVA
Un 'frame' de El precio de la red.
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Podría haber sido una película mucho más rotunda si hubiera prescindido de las complejidades del lenguaje tecnológico. El director Aaron Sorkin (Moneyball: Rompiendo las reglas, Steve Jobs), autor del guion, abusa de los conceptos técnicos sin pensar que con ello distancia al espectador profano en la materia. Aun así, ofrece unos mensajes contundentes sobre los peligros que ocultan las redes sociales. Además, deja claro que el dinero lo puede todo y rendirle pleitesía implica ignorar los valores morales básicos sin tener en cuenta los daños colaterales.

San Francisco, enero de 2020. Frances Haugen, una joven ingeniera que trabaja para Facebook en el Equipo de Integridad Cívica, descubre unos datos alarmantes. Esa sección debe salvaguardar los en teoría nobles principios de la empresa; sin embargo, el todopoderoso Mark Zuckerberg desoye sistemáticamente sus recomendaciones. Ante tan desalentadora situación, decide colaborar de manera anónima con el reportero del Wall Street Journal Jeff Horwitz, que está investigando a la compañía porque intuye sus oscuros secretos.

El filme complementa a la galardonada La red social (2010), esta vez en clave de thriller periodístico. No obstante, resulta irregular. Altera la historia principal con unos saltos temporales deslavazados que atascan la intriga y acaban pesando. Ambos planos narrativos únicamente convergen y cobran sentido en los últimos minutos. Este recurso desbarata el orden que pretende aportar su estructura por capítulos.

Conforme se desarrolla, extiende la mirada a elementos que son bien conocidos. El impacto en los niños y la manipulación de los usuarios, que se cuentan por millones, mediante algoritmos maquiavélicos revelan unas consecuencias aterradoras. Denuncia la cara negativa de unas aplicaciones que favorecen el odio y la polarización. Lo ejemplifica con el asalto al Capitolio (episodio que merece ya una gran producción).

La trama, que contiene diversas referencias cinematográficas, recuerda por algunos detalles, guardando las distancias, a Todos los hombres del presidente (1976).

Mikey Madison, que deslumbró en Anora, vuelve a brillar en un registro totalmente distinto. Representa perfectamente las dudas, los miedos y la determinación que exige el papel. No eclipsa al implicado Jeremy Allen White (El clan del hierro, Springsteen: Deliver Me From Nowhere), que conduce el largometraje con convicción. Se luce igualmente Jeremy Strong (El incidente, El aprendiz), que se mete plenamente en la cabeza del magnate de la actual Meta.

https://www.imdb.com/es-es/title/tt37510326/

Sobre el autor

EDUARDO CASANOVA
Eduardo Casanova

Crítico de cine y miembro de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de España

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